Discurso sobre los ridículos de la muerte.


 

 

Es sin duda una hora fuera de lugar, las voces que se alcanzan a percibir en el ambiente, se presentan  con una lejanía diferente, a lo que realmente podría mencionar como normal.

-Pero que alguien con cordura, se atreva a definir esto, las voces se escuchan como cuando se atraviesa una ligera barrera de agua.

He pretendido en muchas circunstancias llegar a los lugares donde muchos no pueden, o por lo menos eso lo cree mi seguridad personal, esa resolución yoica que se ve envuelta en los conflictos. Porque no podrá negarlo, soy un buscador.

-¿Agua? Creo que comienzo a darme cuenta de cómo empecé a interesarme por ir más allá, pero sé que me gusta el agua, sentir el líquido circundar cada proporción de mi cuerpo, ¿por cierto? Mencione mi fascinación por el mar…

Aunque a veces ni si quiera sé que busco, pero ese maldito lazo narciso que me mantiene atado a sobrellevar las distancias y las circunstancias, es esa diminuta transición del leguaje que pasa de boca a boca, ¡qué digo diminuta!, majestuosa transición. Boca. Boca.

-Mar- si creo que fue un martes cuando note la ausencia de las voces, o la lejanía, o la cercanía, en realidad no lo sé, jamás he sabido como es estar entre los dos lados al mismo tiempo.

Boca, claro uno podría estar fijado oralmente a esto, suena algo repetitivo, el lenguaje lo es, repite en diferencia de significación, es la barrera que pretende explicar el ridículo juego de la muerte.

-Tiempo atrás, habría esperado para seguir esperando, ahora no lo es así, porque realmente uno nunca espera, porque todo tiene que llegar, uno puede creer que espera para al final estar como siempre comenzó todo… esperando.

¿Muerte?, existen discursos interminables, fragmentos, facetas, revistas, datos, cartas, nombres, ¿y de que sirve tanto?, si al final de cuenta todos terminamos rayando, pisando la línea, en el espacio desigual de la ridícula conjetura de la misma.

 

 

JOV.D       04/03/14

 

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