Autobiografía VIII
Es complicado hablar de tantas cosas cuando no se tiene
claro el que decir, o tal vez si es
claro pero confuso…
Uno no puede asegurar que un día fue difícil si no va
encontrando a lo largo de los sucesos las situaciones que lo conducen hasta
allá.
La vida es un complemento lleno de lecciones, a esas cosas
que se les nombra significantes junto con sus significaciones. Y probablemente
eso diga mucho o poco pero a veces todo significa una mierda, y puedes entonces
entender aún menos. Como si el entender fuera la herramienta suficiente para
hacerlo.
No siempre se puede decir algo, a veces no decir termina siendo la mejor herramienta para las cosas que van sucediendo, pero es ese el punto primordial de todo, el suceso, porque viene acompañado de una serie de preguntas que quizá no tengan una respuesta.
Uno no puede pararse en medio de todo sin ser parte de algo
de lo que le acompasa, si uno salta el mundo termina girando bajo sus pies, y
es ese mundo que al momento de dar una vuelta nos deja parados en un lugar
distinto.
Quizá ahí surge la parte complicada en el cambio, somos seres de una inadaptabilidad increíble y nos mimetizamos para no irnos de boca y rompernos los dientes.
Quizá ahí surge la parte complicada en el cambio, somos seres de una inadaptabilidad increíble y nos mimetizamos para no irnos de boca y rompernos los dientes.
Las historias a veces rebasan nuestra comprensión y
conocemos cosas impactantes que no llegan ni si quiera a un centímetro de todo,
pero no somos eso.
La roca se desgasta, el agua se acaba y todo en el ciclo
cambia, y sin embargo estamos aquí, sacando el pecho, parando balas,
enfrentando la vida, sonriendo y frustrándonos, porque precisamente quizá y
solo quizá a eso le podamos llamar vivir.
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